Teodoro Roosevelt y William Cromwell, padrastros de la patria

‘Si yo hubiera seguido los métodos tradicionales… las obras del canal habrían tenido que esperar 50 años más…. Afortunadamente, la crisis llegó al momento en que yo podía actuar sin trabas. Me tomé el Istmo, empecé la construcción del Canal y dejé que el Congreso debatiera sobre el tema y sobre mí’….

Las palabras anteriores, parte del tal vez más famoso discurso del expresidente estadounidense Theodoro Roosevelt, fueron dirigidas a una audiencia de 8 mil personas, constituida principalmente por estudiantes de la Universidad de California en Berkeley, la mañana del 23 de marzo de 1911.

Ellas pasarían a la historia como la sombra de su exitoso gobierno y prueba de su política imperialista en América Latina.

En su momento, fueron también el detonante que necesitaba el congresista Henry Thomas Rainey para concretar su largamente buscada aprobación para investigar a fondo las circunstancias que rodearon la independencia de Panamá de Colombia, la firma del tratado para la construcción del Canal en el istmo y la compra de la Nueva Compañía del Canal de Panamá (‘la página más negra de la historia de Estados Unidos, según Rainey’).

No solo era la arrogancia demostrada por el expresidente y el escándalo internacional al que dio origen su confesión abierta, los políticos también tenían razones políticas para iniciar una investigación en la que -claro está- intentarian enlodar al exmandatario.  Se acercaban las elecciones y, sin duda, el extraordinario avance de las obras del Canal de Panamá y su inminente inauguración beneficiarían al Partido Republicano, que podrían ganar un nuevo mandato presidencial, tras 16 años en el poder (3 de McKinley, 8 de Roosevelt y cuatro de William Taft).

INICIAN LAS AUDIENCIAS

‘Es mi intención demostrar que los representantes de este gobierno hicieron posible la revolución en el Istmo de Panamá. Que si no hubiera sido por la interferencia de este gobierno una revolución exitosa no habría podido ocurrir y que, con ello, Estados Unidos violó los tratados que mantenía con Colombia desde 1846…’, manifestó Rainey durante la sesión de apertura de las audiencias en la Casa de Representantes, el 26 de enero de 1912.

‘Mostraré que la declaración de independencia que se leyó en Panamá el 3 de noviembre fue preparada en la ciudad de Nueva York… Les mostraré que el Departamento de Estado conocía que se gestaba una revolución y que esta ocurriría el 3 de noviembre de 1903′, prosiguió.

Ante sus colegas y para la historia, su intención era una estrictamente ética: ‘Ahora que nos preparamos para la apertura del gran canal, que todo el mundo aplaude, ahora que construimos faros para guiar a los barcos en su travesía de mar a mar, debemos contribuir a algo más… si violamos el tratado que manteníamos con Colombia…. ¿qué mejor cosa… que reparar el daño?’.

REVELACIONES

Durante un mes, se produjeron revelaciones sorprendentes, que fueron recabadas en el documento de 700 páginas conocido como ‘Story of Panama: Las audiencias de la Resolución Rainey’ (en formato pdf, en inglés, en www.archives.org)

El documento, que ha servido durante varias décadas como fuente para numerosos investigadores históricos, muestra que el presidente Roosevelt conocía y apoyó los planes para separar a Panamá de Colombia, tal como revelara en Berkeley.

Convencido de que la ruta ideal para la construcción del ansiado canal era el istmo de Panamá, y cansado de las demoras ocasionadas por las negociaciones con Colombia, apoyó los planes de insurrección en Panamá con el envío de 8 buques de guerra a custodiar las aguas panameñas entre los primeros días de noviembre y hasta finalizar el año 1903. También promovió y estaba al tanto de planes para la protección del país en caso de que el gobierno bogotano enviara una avanzada militar al istmo.

LAS PRUEBAS

El testigo estrella de las audiencias de Rainey fue Henry Hall, reportero de la organización periodística Pulitzer, quien junto a su colega Earl Harding, había pasado tres años investigando los hechos para sustentar la defensa de Joseph Pulitzer ante una fracasada demanda de libelo impuesta por Teodoro Roosevelt en 1908.

Una de las pruebas más interesantes obtenidas por Hall fue un documento redactado por el abogado William Cromwell para sustentar el cobro de $800 mil en honorarios a su cliente, Nueva Compañía del Canal de Panamá (compañía francesa creada por el conde Fernando de Lesseps), tras culminar la venta de esta al gobierno de Estados Unidos por $40 millones.

Las tareas realizadas por su bufete Sullivan & Cromwell, como describió el mismo abogado, involucraban ‘una variedad y gravedad de responsabilidades, sumamente difíciles y absorbentes, en todos los ramos de actividad profesional: ingeniería, leyes, legislación, finanzas, diplomacia, administración y otras materias, que solo podía realizar alguien, como él, ‘en la posición de influenciar a muchas figuras públicos, hombres de poder’.

Entre sus logros, decía, estaba el haber convencido a los senadores estadounidenses y altos funcionarios del gobierno de la superioridad de la ruta panameña sobre la nicaraguense y negociar el tratado Herrán Hay, con Colombia.

Según el documento de Cromwell, cuando el congreso colombiano empezó a manifestar que solo aprobaría el tratado a cambio del pago de una comisión por la venta de la Nueva Compañía (de $8 millones), tomó la decisión de agitar el descontento de los panameños, movilizar y apoyar la revolución.

La cuenta que presentó Cromwell a los accionistas de la compañía francesa (hoy $21 millones), era una cantidad exorbitante para la época y fue rechazada.

Posteriormente, las partes acordaron someterla a un proceso de arbitraje. El documento del que hablamos, que explicaba con el más minucioso detalle las maniobras realizadas por Sullivan & Cromwell entre los años 1896 y 1903 a favor de la compañía, fue presentado para respaldar su causa en este proceso y por ello se considera altamente creíble.

A través de su lectura resulta sorprendente el acceso que tenía Cromwell a las más altas figuras del gobierno estadounidense, desde el presidente Roosevelt hasta el secretario de Estado John Hay, a quienes asesoraba y abría avenidas inesperadas al momento en que todo parecía caminar hacia el despeñadero en las negociaciones relativas al Canal. Sus contactos, sus ideas innovadoras y sus magníficas relaciones con los políticos y la prensa, usadas en beneficio propio y de sus clientes, justifican la opinión que tenía de él el congresista Rainey, quien durante las audiencias lo llamó ‘el hombre más peligroso que hubiera nacido en Estados Unidos’.

De acuerdo con los documentos, se deduce que ninguno de los hechos que llevaron a la emancipación de Panamá ocurrieron al azar.

Todo parece cuidadosamente planeado y ejecutado: la aprobación de la ley Spooner, el viaje de Amador a Nueva York a buscar fondos para la revolución, la aparición de Bunau Varilla, el financiamiento de los sobornos a los militares colombianos, los ardides utilizados por los empleados del ferrocarril para negarse a transportar a los soldados colombianos a la ciudad de Panamá, la elección de José Domingo de Obaldía como gobernador de Panamá (muy amigo de Amador y huésped en su casa).

Entre octubre y noviembre de 1903, mientras ocurría la gesta de independencia y mientras que Bunau Varilla negociaba el tratado para la construcción del Canal, Cromwell se encontraba en París reunido con los accionistas de la compañía.

Al momento en que, finalmente, Bunau Varilla firmaba el tratado con el secretario de estado norteamericano, John Hay, Cromwell negociaba en Nueva York con Manuel Amador, Federico Boyd y Carlos Arosemena, el reconocimiento de los derechos de la compañía en la nueva república. De hecho, fue por estar entretenidos en esto que los representantes del Estado panameño no pudieron llegar a tiempo para revisar el documento negociado y firmado por Bunau Varilla.

PASADO OSCURO

Aunque, finalmente logró concluir la venta que permitió a los accionistas de la fracasada Nueva Compañía del Canal de Panamá recuperar sus $40 millones (lo que hoy constituiría más de mil millones de dólares), Cromwell no siempre supo complacer a la junta directiva de este importante cliente.

En el año 1900, sus métodos de cabildeo en el Senado fueron tan groseros, que le valieron un reporte negativo (el reporte 1337 del Congreso No. 56) en el que el presidente del Canal Comité Interoceánico lo acusaba de ‘interferir con el cuerpo legislativo, insultar el congreso y hacer una propuesta para robar a los accionistas de la vieja Compañía del Canal de Panamá’.

De hecho, tras este suceso, la compañía lo despidió, pero lo volvió a contratar en 1902, a instancias de Philip Bunau Varilla y bajo la condición de que ‘usted no haga donaciones ahora o después, que no haga promesas que aten a la compañía… y que no se recurra a métodos peligrosos o ilegales, que consistan en regalos o promesas de cualquier naturaleza’…

Todo eso quedaría atrás. Aunque no recibió los $800 mil reclamados tras la venta de la compañía francesa, sino solo $200 mil tras el arbitraje en París, Cromwell mantendría excelentes relaciones con los gobernantes panameños, que le compensarían con nuevos trabajos muy lucrativos. Se dice que durante las primeras décadas de vida republicana fue ‘el poder detrás del trono’, ocupando la posición de cónsul de Panamá en Nueva York, y como agente fiscal de la república, responsable de invertir a discreción los $10 millones recibidos por el país por el derecho de construcción del Canal, ‘los millones de la posteridad’.

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