El asesinato que conmocionó a la república en la década del 40

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Noticia publicada por La Estrella de Panamá, el 31 de octubre de 1940

El asesinato del profesor Armando Urzúa, de la Escuela Normal de Veraguas, fue uno de los acontecimientos más estremecedores de la década del 40. Dos profesores de la misma escuela, amigos y compañeros de Urzúa, fueron llevados a un sensacional juicio, acusados de un crimen descrito como “pasional”. Los hechos constituyeron la trama de la novela “En ese pueblo no mataban a nadie”, del escritor panameño Carlos Changmarín.   

Un crimen macabro cometido en la persona del profesor Armando Urzúa Guardia, de la Escuela Normal, horrorizó el martes en la noche a la ciudad de Santiago de Veraguas.

(SANTIAGO DE VERAGUAS, 29 de octubre de 1940) – En la sala de música de la Escuela Normal de Santiago, la tensión flotaba en el aire mientras el profesor Gonzalo Brenes y un grupo de jóvenes se congregaban para la práctica del coro.

Algunos de los estudiantes se reunían en torno al piano. Otros practicaban las piezas designadas para el ensayo. La mayoría se mostraba impaciente, y se ubicaba en uno de dos grupos claramente divididos, las niñas a un lado y los varones al otro.

Era una de las primeras prácticas del nuevo ‘coro mixto’, formado tras la fusión de dos grupos cuya rivalidad había empezado a causar problemas en la escuela.

Días antes, algunos de los varones, dirigidos previamente por el profesor chileno Armando Urzúa, se negaron a ponerse a disposición de Brenes, quien había estado encargado del coro de niñas y ahora co-dirigiría el conjunto.

Aunque normalmente habían mantenido buenas relaciones, estos pequeños malentendidos habían fomentado una especie de rivalidad entre ambos maestros, dos estrellas deslumbrantes en el ambiente pueblerino de Santiago de Veraguas, y que a partir de ese día debían trabajar en asocio.

GRANDES MAESTROS

Solo con grandes maestros se podía educar a un gran pueblo. Esa había sido la consigna del presidente Juan Demóstenes Arosemena (1936-1939), al promover la construcción de la Escuela Normal de Santiago, destinada a impulsar la transformación de las provincias interioranas.

La República no puede seguir siendo tan solo dos ciudades situadas en una de las zonas estratégicas más importantes del mundo, y sujeta a la codicia de las potencias, decía el presidente.

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La Normal había abierto sus puertas el 5 de junio de 1938, en un edificio majestuoso de corte colonial, con grandes áreas de dormitorios y jardines.

Arosemena soñaba con que este plantel educativo contribuyera a impulsar la cultura propia en un país cuyas raíces se desintegraban bajo la influencia extranjera.

El mismo había supervisado la contratación de los mejores profesores disponibles en América Latina, entre ellos el compositor chileno, encargado de la cátedra de canto y música.

NO LLEGABA URZÚA

Eran ya las 4 y Urzúa no llegaba a la práctica. Brenes y los estudiantes se mostraban impacientes. ¿Donde estaba el profesor? Nadie lo había visto ese día. Su ausencia no podía presagiar nada bueno porque él era todo disciplina y rigor.

Preocupado, Brenes pidió a algunos de los estudiantes que lo buscaran en su casa, a unos minutos de la escuela.

Una media hora después, estos estaban ya de regreso, anunciando que habían tocado la puerta pero el profesor no contestaba.

¿Estaría enfermo?, se preguntó Brenes. Inmediatamente, canceló la clase y buscó  a Luis Herrera Sepúlveda, uno de los pocos colegas que poseía un automóvil, para solicitarle que lo llevara al hospital. Se les unieron dos maestros más, Pedro Campana y José Alejandro Sáenz.

Pero en el centro médico no sabían nada de Urzúa.

No era posible que el profesor hubiera desparecido. Decidieron acudir nuevamente a su hospedaje.

En automóvil, se acercaron prontamente por la poco concurrida calle, y estacionaron el vehículo frente al cuarto que este ocupaba, en un ala posterior del edificio de la Gobernación.

Tocaron la puerta, pero en esta ocasión tampoco se escuchó ninguna respuesta del interior. Uno de los jóvenes saltó por encima de la ventana, y pudo observar, a través de una rendija, que la cama estaba ocupada. Decidieron forzar la puerta con un gancho.

378563_800x600_crop_5a6d0ca886317Al entrar al aposento se encontraron con un macabro espectáculo. El cuerpo del profesor yacía sobre la cama, cubierto por un bulto de ropas y un charco de sangre, apenas contenida por una palangana de metal colocada bajo la cama,  se extendía por el piso.

Brenes quitó las piezas que cubrían el cadáver. Una almohada. Un mosquitero. Una bata de baño.

Un grito surgió al unísono: sobre los ojos abiertos del cadáver de Urzúa, en la sien, tres enormes heridas que parecían haber sido hechas por un hacha dejaban entrever la masa cerebral.

En el cuello tenía un cordel que rodeaba la piel llena de moretones.

LLEGA LA POLICÍA

El rumor corrió velozmente por el pueblo y a los pocos minutos llegaban el jefe de la Policía y el gobernador a la escena del crimen.

Pero para entonces ya la habitación estaba llena de curiosos que se movían libremente por la habitación, abriendo ventanas y puertas, y hurgando entre los bienes del occiso.

El capitán puso orden inmediatamente. A los curiosos les ordenó que salieran al patio. A uno de sus ayudantes, que fuera a buscar al doctor Arrieta González, para que levantara el cadáver.

Había caído la noche cuando los oficiales iniciaron los interrogatorios. ¿Cuándo se había visto por última vez al profesor? ¿Tenía enemigos? ¿Cuál podría haber sido el móvil? Este no parecía ser el robo, pues allí estaban todos los bienes valiosos del profesor,  inclusive su libreta bancaria, con ahorros superiores a los $900, una alta suma en la época.

El cerrojo de la puerta que comunicaba con la Gobernación estaba descorrido, pero de  la oficina de esta tampoco faltaba nada.

EL MUNDO

1940 era un año bisiesto y los sucesos ocurridos ese día confirmaban las sospechas de los supersticiosos que asociaban los años de 366 días con tragedias.

En realidad, era una época complicada y confusa. En Europa, la Alemania dominada por Adolfo Hitler se abocaba a lo que se vislumbraba como una gran guerra. En Panamá, Arnulfo Arias, un joven médico graduado en la Universidad de Harvard, de quien se decía era admirador de los nazis, había tomado posesión ese 1 de octubre.

Pero el conflicto europeo, el temido nazismo, y la nueva constitución de corte nacionalista que impulsaba a toda prisa en Panamá el  novel presidente pasarían a segundo plano a partir de ese día, en el que el país entero se entregaría a especular sobre la tragedia ocurrida en Santiago de Veraguas.

QUIÉN ERA URZÚA

Los días siguientes, la policía de Veraguas, apoyada por una comisión de expertos enviada de Panamá, empezó a recoger pistas.

De los datos reunidos, salía a relucir la personalidad de Urzúa, un hombre que aparentemente, carecía de enemigos o de vicios, y al que nada parecía motivar, excepto la música y que pasaba sus horas libres sentado al piano de la Normal.

Era soltero, y no se le conocían aventuras amorosas. Tampoco parecía tener muchos amigos. Entre sus bienes se encontraron solo dos fotografías: una de un balneario de Chile, con un paisano en traje de baño, y la otra, de un joven del pueblo, que aparecía desnudo, y con una cariñosa dedicatoria.

Nunca llevaba dinero consigo, pues sus ingresos terminaban en una cuenta de ahorros, dinero con el que pensaba comprar una casa para su madre en Chile.

La noche del crimen los vecinos no habían visto a nadie entrar ni salir. Solo la vecina de la casa inmediata aseguró haber escuchado  voces que provenían de la habitación.

Era una charla normal, dijo. En un principio, Urzúa hablaba en voz alta y su interlocutor lo hacía en tono más bajo.  No pudo identificar con quién conversaba ni el tema de la plática, aunque por la forma en que transcurría debía tratarse de un amigo o al menos conocido.

El joven de la foto dedicada fue interrogado, pero tenía una coartada creíble.

La habitación estaba llena de huellas dactilares, pero estaba contaminada por los numerosos curiosos que habían acudido.

Por lo demás, aunque muchos del pueblo querían cooperar, no añadían pistas útiles y a los pocos días, los policías extendieron el proceso a los pueblos vecinos, llegando a La Mesa, Las Palmas y Cañazas. Cualquier varón era sospechoso, sobre todo, si tenía alguna herida en el cuerpo.

En Las Palmas encontraron a un joven con una herida reciente que les pareció sospechosa, por lo que fue sometido prontamente a un pesado interrogatorio, del que no salió ningún dato valioso.

Después de ocho días consecutivos de diligencias el crimen parecía un misterio impenetrable.

Cundia el miedo y algunos alumnos dejaban la escuela, presionados por sus padres. La población estaba pesimista. El misterio no iba a ser solucionado. Era un crimen perfecto, planificado al detalle. Solo podía haber sido cometido por un extranjero.

Continuará

11 comentarios

  1. ¿Pueden informar como concluyo las investigaciones del crimen de Archibold y el de Urzua? ¿Si se supo quienes los asesinaron y si fueron juzgados?

    • Es un artículo que fue publicado por La Estrella en 1940 y reproducido en la serie «Publicando Historia» que se lanzó el año pasado. Saludos.

  2. El 9 de octubre de 1941, se realizaría en el Tribunal Superior de Penonomé, el juicio a los implicados por el asesinato del Prof Armando Urzua. Fue suspendido por el Golpe de Estado del Cojo De la Guardia a Arnulfo Arias Madrid. Se habló de ñañerias. Entre lo que serían juzgados estaba el Prof Brenes. Lisímaco

  3. El asesinato del estudiante Cecilo Archibolt fue en 1951 y provocó el cierre de la Escuela Normal de Santiago por el Ministro de educación Rubén Darío Carles Oberto. Cuando vuelve a abriese, sólo lo hacen con las estudiantes femeninas ya que a los varones los trasladan a la sección Normal Rural del Felix Olivares Contreras, en David Chiriqui. El Director, Prof Vicente Bayar, fue destituido. Lisímaco

    • El crimen de Cecilio Archibold es antes. Al menos que Usted se refiera a otro crimen dentro de la Normal. ¿Pago cárcel Gonzalo Brenes?

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