Reina Torres de Arauz, una corta vida al servicio de la nacionalidad

No fue presidente ni militó en la política partidista, pero su nombre aparece invariablemente en las listas de las grandes personalidades panameñas del siglo XX, junto a Belisario Porras, Ricardo J. Alfaro y Justo Arosemena.

Su legado no es menos importante como el de aquellos: estableció la estructura legal e institucional para la conservación de nuestro patrimonio histórico, la preservación de la cultura nacional y el apuntalamiento de nuestra identidad.

Reina Torres tenía apenas 25 años cuando irrumpió en la vida pública del país a principios de la década del 60 con un doctorado en Antropología y Etnología —el primer nacional con un título en esta materia—, además de otros diplomas que la acreditaban como técnica de museos (1955) y profesora de Historia (1954), obtenidos en la Universidad de Buenos Aires, y dominio de tres idiomas.

Panamá, entonces enfrascada en su lucha nacionalista, mantenía frescos en la memoria los recuerdos de las negociaciones de los tratados canaleros de 1955 (‘Ni millones ni limosnas, queremos justicia’) y las siembras de banderas en la Zona del Canal de los años 1958 y 1959.

Empeñado en rescatar el territorio ocupado por extranjeros, el panameño corriente no identificaba claramente el imperialismo cultural del que también era víctima y que lo hacía absorber indiscriminadamente las costumbres y formas foráneas mientras despreciaba la cultura propia.

Algunos pocos locales como Manuel y Dora Zárate se esforzaban por rescatar el folklore, pero en términos generales había un profundo desconocimiento de las etnias indígenas y los tesoros arqueológicos de la época precolombina, al tiempo que valiosísimas piezas de oro o esculturas de barro y de piedra eran enviadas masivamente hacia museos y colecciones privadas en Colombia y Estados Unidos.

Los zonians, organizados en la supuesta Isthmian Archeological Society, asaltaban sin miramiento los cementerios indígenas y traficaban con las piezas encontradas mientras los panameños se mantenían indiferentes o los apoyaban a cambio de magros beneficios económico (los famosos ‘huaqueros’).

Otro tanto sucedía con los monumentos históricos. Las abandonadas ruinas de Panama La Vieja e importantes edificios del Casco Viejo eran refugio para precaristas.

Para Reina Torres de Araúz, la situación llegó a su punto crítico en 1961, cuando una empresa contratada para la construcción de una carretera en Colón dinamitó el edificio La Pólvora, de Portobelo, un importante edificio colonial, para alinear la carretera y ahorrarse dinero.

LA PROTESTA DE UNA DOCTORA

En protesta contra la apatía gubernamental se fue a tocar las puertas del Palacio de las Garzas, para pedir una cita con el presidente Roberto Chiari.

Afortunadamente, el presidente atendió su reclamo, firmando el Decreto 87 de 21 de marzo de 1962 por el cual se reglamentaba la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos Históricos, que tendría como meta confeccionar un catálogo de los monumentos existentes, velar por su preservación y redactar una ley de conservación y divulgación del patrimonio nacional. Reina Torres presidio la Comisión ad honorem hasta 1980, logrando varios triunfos, como la disolución de los grupos de huaqueros y el rescate de diversos monumentos.

Mientras la doctora continuaba su labor académica, primero como profesora del Instituto Nacional y después en la Universidad de Panamá, donde abrió las cátedras de Prehistoria y Etnografía y Antropología Cultural, creó el Centro de Investigaciones Arqueológicas y la revista Hombre y Cultura .

También es de esta época una parte de su extensa obra, que llenó enormes lagunas de conocimientos sobre los temas indígenas: La mujer Kuna (1957), que puso en relieve el importante puesto que desempeñaba la mujer en la sociedad indígena de Kuna Yala; Economía Humana de la Ruta 17 Momi Sassardi (1968); Estudio Etnológico e Histórico de la Cultura Chocó (1969), su tesis doctoral, fue elogiada con la máxima calificación; Arte Precolombino en Panamá (1972); Natá Prehispánico (1972); Darién, Etnoecología de una Región Histórica (1975); Panamá; Panamá Indígena (1981).

GOLPE MILITAR: UNA OPORTUNIDAD

En 1968 se da el primer golpe militar de la historia del país. Se trataba de una ruptura al orden establecido que abría espacios y acceso a posiciones de poder a nuevos grupos de panameños.

El nuevo jefe de Estado, el general Omar Torrijos Herrera, había sido, en la década de los 50, su compañero de estudios en la Normal de Santiago. La confianza existente entre ellos facilitó que la doctora Torres se uniera al nuevo gobierno para organizar el patrimonio histórico.

En el año 1969 se le nombra como directora del Museo Nacional de Panamá; en 1970 ocupa la Dirección de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura, una posición desde la cual se traza la meta de rescatar y divulgar de forma organizada las reliquias y memorias de nuestro país en un programa que cubría desde la cultura precolombina hasta el siglo XX.

CONSTITUCIÓN DE 1972

Así empieza la década de los 70, considerada la etapa más fructífera de su carrera. En 1972, como vicepresidenta de la Comisión de Reformas de la Constitución, impulsó una serie de artículos para la defensa del patrimonio histórico.

Como firme creyente de la misión conservadora y educadora de los museos, se lanzó a la febril tarea de procurar un museo para cada provincia.

En este periodo se fundaron la mayoría de los museos que hoy existen en el país: el Museo de Arte Religioso Colonial en la Capilla de Santo Domingo (1974); el Museo de la Nacionalidad en Los Santos (1975); el desaparecido Museo de Historia de Panamá en el Palacio Municipal (1977); el Parque Arqueológico El Caño en Natá, Coclé (1979); el Museo de Ciencias Naturales, antigua sede del Museo Nacional; y el Museo Afroantillano de Panamá (1980); el Museo de Penonomé; el Museo ‘José de Obaldía’, en David, Chiriquí; el Museo de Historia en la Capilla de San Juan de Dios, en Natá; el Parque Histórico El Pausílipo, en Las Tablas.

Torres también impulsó la restauración de la Catedral de Panamá, de la iglesia de San Francisco de Veraguas, de la iglesia de Santo Domingo en Parita, de la iglesia de Santa Librada, en Las Tablas, la iglesia de San Francisco de la Montaña, del fuerte de San Lorenzo El Real, la basílica de Natá y parte importante del Casco Viejo: la plaza de la Catedral, la iglesia de San Francisco, el arco de Santo Domingo y el convento de Santo Domingo.

El museo del Hombre Panameño, abierto en 1976, es considerado una de sus contribuciones más importantes, al agrupar bajo un solo techo los trazos de nuestra historia étnica y cultural.

Para concretar esta importante obra tuvo que luchar contra todas las lacras que azotaban el mundo cultural panameño de la época. El edificio que ella eligió para el museo, el de la antigua estación de ferrocarril ubicado en la Plaza 5 de Mayo, iba a ser demolido para construir un grupo de edificios multifamiliares.

Tras varias jornadas de negociación, finalmente el gobierno aceptó aportar ochocientos mil dólares para rescatar la terminal y transformarla en un centro cultural, con espacios destinados para actividades artísticas que nunca llegaron a concretarse.

La doctora era consciente de que los museos y otras instituciones culturales no podían sustentarse sin el personal adecuado. Por ello consiguió becas que permitieron a cientos de panameños entrenarse en el exterior en temas como taxidermia, restauración, museografía y otras disciplinas.

Paralelamente, auspició decenas de congresos nacionales e internacionales en la ciudad y en el interior de la república para asegurar que los profesionales panameños se mantuvieran en contacto con sus pares extranjeros.

Los últimos años de vida de la doctora Reina Torres fueron durísimos. Su hijo adolescente padecía de un cáncer terminal cuando ella fue diagnosticada de la misma enfermedad.

Pero el dolor físico y moral no la detuvo. Tras enterrar a su hijo, y gravemente enferma, se lanzó a terminar su libro El nuevo Edimburgo del Darién , mientras impulsaba la aprobación de la Ley 14 del 5 de mayo de 1982 para proteger el patrimonio histórico de nuestra nación e ilegalizar el flujo de material precolombino hacia el extranjero.

Era un proyecto por el que había luchado durante más de diez años.

Escasos meses antes de morir, se levantó de su cama para ir a defenderlo valiente y brillantemente ante el Consejo Nacional Legislativo.

Hasta el último momento se desempeñó en su cargo de vicepresidenta del Comité de Patrimonio Mundial de la Unesco y como comisaria general para la aplicación de la protección de los bienes culturales en casos de conflictos bélicos de la Unesco. Aún enferma asistió a reuniones internacionales en Egipto, Sicilia, Ecuador e Israel.

Murió el 26 de febrero de 1982, a los 49 años de edad.

‘Pocas veces natura produce hombres o mujeres de ciencia tan completos como es el caso de Reina Torres de Araúz. En ella se conjugó la científica de inteligencia clara, imaginación amplia y profundo sentido analítico con la mujer de campo y la gran fundadora y administradora de instituciones y centros de estudio…’ dijo sobre ella José Carr, en una publicación de la revista Tragaluz (1999).

Lo que impulsó siempre sus actos fue el gran respeto que sentía hacia la cultura panameña, que dejó de manifiesto a través de su vida y en especial durante una entrevista que le hiciera un grupo de estudiantes.

Al preguntarle estos cómo se podía elevar ‘el bajo nivel cultural de Panamá en relación con otros países’, ella respondió:

‘…este país nació en un teatro nacional, nació con un museo; …una de las primeras cosas que hicieron los llamados padres de la patria, los primeros gobernantes cuando se constituyó la república, fue declarar monumento histórico (el fuerte de) San Lorenzo, que hoy recién lo hemos recuperado, crear un museo, hacer el Palacio que es el Teatro Nacional, pues el Teatro Nacional es un Palacio… (lamentablemente) después vino una época en la cual estos valores se perdieron…’.

En la misma entrevista, añadió: ‘Yo no creo que nuestro nivel cultural sea muy bajo, yo creo que somos un país subdesarrollado con una gran cultura nacional; una maravillosa cultura nacional que debemos divulgar entre nosotros y conocerla mejor’.

s de Curundú y nombrado Museo Antropológico Reina Torres de Araúz en su honor.

Considerada por la Comisión Nacional de la Caja de Ahorros a travès del suplemento “Los Forjadores de Nuestra Nación” como uno de los quince panameños más prominentes de la historia, al nivel de Belisario Porras, Omar Torrijos, Rogelio Sinán y otros.

3 comentarios

  1. No a habido otra persona en la historia panameña que dedico toda su energia a conservar nuestro patrimonio historico como la Dra. Reyna Torres de Arauz. Tuve el honor de colaborar con ella en varos museos del pais y junto con el Ing. Laurencio Guardia y el Arquitecto Fogarty y otros que se me escapan los nombres, en la restauracion del Museo del Hombre Panameño de la Plaza 5 de mayo. Despues de ella, los gobiernos que siguieron abandonaron su trabajo en vez de darle continuedad.

Deja un comentario