Dwight Eisenhower y José Remón, historia de una amistad

Ambos mandatarios eran militares retirados y la presidencia del uno, inspiró la candidatura del otro. El anticomunismo los unió

Durante su estadía de dos días en la ciudad de Panamá, en julio de 1956, los diecinueve jefes de estado del continente americano disfrutaron de poco tiempo para actividades de libre elección.

La apretada agenda de encuentros multilaterales y fiestas conmemorativas del 130 aniversario del Congreso Anfictiónico (ver entrega anterior) dejaba por fuera apenas algunas horas, que muchos aprovecharon para  descansar en su habitación del hotel o visitar  las esclusas de Miraflores o las ruinas de Panamá La Vieja.

kpn2ei-1953eisenhower002.jpgEl presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower,  de 65 años, prefirió llevar una corona de flores a la tumba del presidente Remón Cantera, asesinado en la ciudad de Panamá el 2 de enero del año anterior.

El 21 de julio, todavía convaleciente de una operación abdominal a la que fue sometido un mes antes,  el retirado general de cinco estrellas había tenido una mañana agotadora. Tras un vuelo de seis horas desde Washington, logró llegar a la ciudad capital justo a tiempo para iniciar la primera reunión  de presidentes en el Palacio de las Garzas.

Al finalizar esta primera cita,  en lugar de ir a descansar a la Embajada, como deseaban sus ayudantes,  se dirigió hacia el cementerio Amador para participar en una ceremonia íntima con los hermanos del presidente fallecido – Alejandro, María Luisa, Julieta-  y su sobrina Carmen Hortensia.

Tras colocar una corona de flores sobre la tumba, Eisenhower se llevó el sombrero al corazón y permaneció con la cabeza baja mientras la Guardia Nacional ejecutaba el “Toque de silencio”.

Según fuera reportado en su momento por La Estrella de Panamá,  una vez terminado el acto se dirigió a los Remón para saludarlos y alabar la excelencia del toque del cornetero. Cuando la hija del ministro Alejandro Remón le preguntó por su salud, este respondió con una sonrisa forzada: “No tengo mucha fuerza, pero sigo adelante”.

En ese momento caía la lluvia  y aunque el presidente apretó el paso, cuando se acomodó en el auto descapotable traído desde Washington estaba completamente mojado. Estando a pocos minutos de la Embajada, el conductor prefirió acelerar la marcha antes que bajarse a  cerrar el techo plástico del vehículo.

UNA AMISTAD

José Antonio Remón y Dwight Eisenhower mantuvieron pocos encuentros personales, pero aparentemente la relación que se forjó entre ambos fue lo suficientemente fuerte como para que “Ike” lo considerara “su amigo”, como le hizo saber a los familiares del difunto.

La amistad se había consolidado  durante una visita de Remón a Washington en 1953, que dio la oportunidad a los dos presidentes y sus esposas, Mamie y Cecilia, para conocerse y disfrutar de la mutua compañía.

En un tiempo en que el istmo de Panamá revestía una fundamental importancia estratégica para Estados Unidos, los Remón recibieron en la capital estadounidense un tratamiento VIP, hospedados en la Casa Blanca y agasajados con una cena de Estado.

Pero el evento más llamativo de su estadía de tres días en Washington no fue esa elegante velada, ni la que ofrecieron los Remón días después en el Sheraton Carlton a sus anfitriones, sino la presentación de las dos parejas en el porch de la Casa Blanca.  Esta no fue la típica presentación de presidentes ante la prensa, sino algo mucho más especial.

Además de Eisenhower y su esposa Mamie, Remón y su esposa Cecilia, los acompañaban los tres nietos del general, David (5 años), Barbara Ann (4) y Susan (2), quienes lucían los trajes típicos panameños, un obsequio de los esposos Remón.

Fue una ocasión entrañable, en la que la nota divertida la puso David, quien se sentía receloso en su primera salida a la prensa, por lo que fue animado por  su abuela: “No se te va a caer la mano si saludas”.

Después de unos minutos, el grupo se retiró al interior de mansión presidencial, mientras que Eisenhower decía sonriendo a sus huéspedes: “Los niños recordarán esta visita por un buen tiempo”.

Durante la siguiente semana, las graciosas fotografías de los niños vestidos “con la típica vestimenta de los indígenas panameños”, como reportara equivocadamente la prensa estadounidense, fueron distribuidas por las agencias noticiosas y publicadas en innumerables diarios en todas partes del mundo.

Esa misma noche, las dos parejas presidenciales se juntarían nuevamente para disfrutar de la ceremonia inaugural de la Serie Mundial de Beisbol desde la televisión del Blair House – residencia de los invitados de la Casa Blanca-

VISITA A WASHINGTON

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El viaje de los Remón a Washington no era solo un evento social. El presidente panameño había ido a solicitar al gobierno de Eisenhower  una nueva negociación de los tratados canaleros, una de las  promesas que habían animado su campaña  presidencial en 1952.

En un momento en que el istmo pasaba por una depresión económica,  producto de la reducción de gastos de los estadounidenses en la Zona del Canal después de la Segunda Guerra, una de las salidas más  obvias era solicitar un aumento de la anualidad que Estados Unidos pagaba a Panamá.

Era la quinta vez en 50 años que los panameños exigían reformas a los tratados. En esta ocasión, Panamá tenía en Remón a un negociador habilísimo y completamente pragmático.

Eran cualidades que había demostrado a través de su carrera de veinte años en el cuerpo policial panameño, que lo había llevado desde capitán a verdadero “hombre fuerte” del país, uno que desde la Comandancia de la Guardia Nacional ponía y quitaba presidentes a su antojo. Por algo se le llamaba el “Hacedor de presidentes”.

Respaldado por el eslogan “Ni millones ni limosnas, queremos justicia”, Remón había lanzado una  campaña a favor de la posición panameña que pretendía enfatizar la injusta situación a la que se sometía al país, que solo recibía $430 mil de los casi $32 millones que recaudaba Estados Unidos en concepto de peajes anuales.

Como parte de esta estrategia, se habían organizado varias actividades. La más impactante había sido una marcha multitudinaria que culminó en la Plaza Cinco de Mayo, a donde el presidente llegó acompañado del arzobispo de Panamá y de seis ex presidentes de la República.

Pero Remón, anticomunista acérrimo, en ningún momento traspasó la barrera del respeto: “Estados Unidos es nuestro amigo y nuestros problemas se resolverán a  través de negociaciones pacíficas”, insistía al ser presionado por los panameños que buscaban posturas radicales.

RESULTADOS DEL ENCUENTRO

La visita de la pareja presidencial panameña a la Casa Blanca resultó un éxito y terminó con un comunicado conjunto en el que los dos gobiernos expresaban “haber fortalecido la comprensión mutua de los problemas entre  los dos países” y adquirido el compromiso de buscar soluciones “mutuamente ventajosas y satisfactorias para ambas partes”.

Apenas catorce meses después de la visita a Washington, los dos países anunciaron el fin de las negociaciones,  con unos acuerdos considerados “muy generosos” para Panamá.

Pero una semana más tarde, el 2 de enero de 1955, Remón moría, víctima de un magnicidio, en el Hipódromo Juan Franco.

“Me siento muy consternado por la noticia del asesinato del presidente José Antonio Remón de Panamá, un firme amigo, tenido en alta estima por el gobierno de esta nación”, declaró el presidente Eisenhower desde la Casa Blanca.

A pesar de la tragedia, el tratado se firmó en la ciudad de Panamá el 25 de enero de ese mismo año. Por Panamá, puso su rúbrica el ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Arias. Por parte de Estados Unidos, lo hizo el embajador Seldon Chapin. En honor al difunto coronel, se le llamó Tratado Remón Eisenhower o “Tratado de Mutuo Entendimiento y Cooperación entre la República de Panamá y Estados Unidos”.

A través de este acuerdo, Panamá logró avanzar su posición con concesiones que había intentado negociar durante mucho tiempo antes. Entre ellas, el aumento de la anualidad para Panamá, de $430,000 a $1,930,00 ($1.5 millón adicional). La construcción de un puente de $27 millones sobre el Canal, pagado por Estados Unidos. La devolución de tierras valoradas en $19,500,000 (entre ellas, Punta Paitilla). Igualdad de condiciones para todos los empleados de la Zona del Canal, por lo que se ponía fin al “United States Rate” y “Local Rate” (del Gold roll y silver roll, abolidos en 1944).

LA EPOCA

Si lo comparamos con la época actual, la década del 50 era un tiempo diferente, caracterizado por el respeto al buen gusto, a las maneras, la caballerosidad y gentileza, dotes que el general graduado en West Point cultivaba a la perfección.

Es probable que él y Remón simpatizaran al ser ambos militares de gran inteligencia, nacidos en hogares pobres. Sin embargo, la estrecha relación debió tener un componente estratégico.

Los documentos de la CIA así lo parecen confirmar. En una época en que Estados Unidos estaba obsesionado por el avance comunista, un reporte fechado el 23 de enero de 1952, en plena campaña política,  advertía que las difíciles condiciones de la economía panameña hacían al país blanco fácil para la penetración de las  fuerzas comunistas.

“Si fuera elegido presidente, Remón haría una oposición implacable a los comunistas”, preveía el informe.  Y así fue.

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